Si te digo «querubín», lo primero que se te viene a la cabeza probablemente sea un bebé gordito con alas, sonriendo en un cuadro renacentista. Pues déjame decirte algo: la Biblia no describe nada remotamente parecido a eso. De hecho, si un verdadero querubín apareciera ante nosotros hoy, lo más probable es que nos quedáramos…